viernes

martes

Juggling


Her gaze was painful because she really thought I was going to die, but amidst her fear and sorrow, I saw a glimpse of relief. She was staring towards me, at the blood stains on the floor, at my twisting, itching limbs so scarred, half-eaten, at the hideous drool slipping down my toothless mouth, desperately trying to pull some air in, like a beaten-up catfish used by Japanese sex fiends to rape and torture school girls, and she was fucking relieved.

She had that expression I knew and hated so much. That half-witted joy only stupidity or sheer cruelty can produce, her eyes glowing dimly like they did when I first fucked her in the ass.

viernes

Where the fuck are we rushing to?

Lo sé, lo sé. No es una buena pregunta para volver a esta incongruencia. Tampoco es que fiera yo a preguntarles si notan la errata y, de hacerlo, si les hace alguna diferencia. Lo complicado es que cuando la errata es una falta en donde esta genera legítima ambigüedad (como la ausencia de una tilde o una coma opípara) hay una dicción que torpe se desliza hacia la periferia y permanece velada hasta que dentro de muchos años alguien dedique más de una ojeada a repasar las letras aquí presentes ―de todavía estarlo, si consideramos la fragilidad del medio en el que se sostienen, sería un malogro― y descubra que de cierto, por cierto, no había tal, y se desmorone de sonrisas y rompa en cuatro alabos lo que pudo ser sin duda un sencillo shfttpffsh, más bien seco, pero honesto, algo como: oh!

Una vez saldado el asunto deste prefámbulo pasamos sin misericordia las páginas como arcadas y vamos a apolillarnos entre vítores a las seis y menudo de la mañana, con tuercos alcoholes y rancios los humores, cansados ya de molinos y aspavientos, ¡ah, las morsas! como linduras y mira, qué bien se os viene la memoria, así, prestada de la atención:

¿Os lo habéis preguntado ya?

Read it good:

RUSHING
WHERE
FUCK
ARE
WE
TO
?
.
o
O
(    )
(        ) x-------------------------- This hole is your brain.
               

This space is mine,
























lunes

Haiku-of-a-dung


As I approach you fade
But let us just not change
that Dee with a Kay..



jueves

Predislocaguntada (más divagaciones de un animal irracionante)

De cuando en cuando me da por hacerme preguntas raras. Preguntas que no puedo contestar "satisfactoriamente" y que por ello se quedan rondando las semanas, los meses. Dijera que es frustrante tener un cerebro que sigue al pie del cañón los métodos, y que para colmo decide no prestar atención de la correcta sintaxis o erra en las frases hechas tan sólo para darles vuelta como una liga entre los dedos hasta lograr la gangrena necesaria, obligatoria. Dijera, pero no dije.

Debo, además, sentirme bien por no desgastarme pensando en qué camisa va bien con cuál pantalón, que si la sonrisa, los accesorios o el remolino que no se deja aplacar. Digo “debo” porque si pudiese elegir preferiría que mis conflictos existenciales fueran aquellos y no estos. Envidio la banalidad como un estado superior de la inconsciencia. La opuesta, al fin, está sobrevalorada. Pero vayamos poco a poco, y poco a poco.


¿Es el quehacer humano un fin o un medio?
La pregunta que delimita mi espectro. De principio a término, todas las demás se supeditan a ésta, y dado que posee sólo dos respuestas positivas (ambas en lógicas irrefutables pero contrarias), uno debe alternarlas para que la voluntad no se asfixie.

Es innegable que, ocurriese lo último, dichas respuestas (y sus múltiples repercusiones) resultarían irrelevantes.

Para aquellos que pueden observar las esencias y evitan encaramarse en las ramas de la dialéctica, esta pregunta es a la vez gnoseológica y estúpida. Para otros no pasará de ser un argumento escolástico: que reine Dios sobre todas las cosas. Agnóstico y evolucionista, para mí no es tan simple. No es de esas preguntas que uno esperaría poder hacer a su familia durante la cena y aun así disfrutar del postre. Conllevó, al menos durante mi infancia, incursiones forzadas en clases de catecismo, insufribles lecturas de la Biblia y abrumadoras reprimendas por cuestionar “a la ligera” los asuntos divinos. Sí, los adjetivos son a propósito para refrendar el patetismo.

No es, por lo demás, asunto de negar la posibilidad de un fin superior. Al contrario, es aceptarla, advirtiendo hasta qué grado cualquier intención humana le compete. Es decir, si todo proceso (el devenir de la existencia) fuera regido por un azar absoluto, cualquier fin seguiría siendo superior, entendiendo como superior aquello que daría un sentido al proceso mismo (la existencia como tal). O dicho más palurdo: No hay proceso sin un fin tanto como no hay fin sin un proceso, incluso si son la misma cosa.

Si esto les ha hecho algún sentido, comprenderán ahora lo apremiante de la cuestión y lo estúpido de cualquier conclusión posible. Es apremiante porque cada una de las resoluciones predispone a una voluntad distinta; es estúpido porque tales voluntades producen, invariablemente, resultados idénticos.

Dadas las circunstancias (y mi analfabetismo), no esperen algo inteligente a continuación: no pasa de ser un simulacro.


Mi camaleón no come, hace arte; o de la voluntad como medio y la voluntad como fin
Pensemos en un camaleón. La cola enroscada en espiral, los ojos divergentes, el cerebro escindido. Sus visos, galimatías sobre una rama de orquídea.

Pensemos que tiene hambre y que por ello acecha a esta hormiga roja y suculenta que va por ahí cargando un prodigioso miligramo. Nuestra hormiga, habría que pensar, ha leído a Plotino.

Procede, pues, lo siguiente:

CAMALEÓN
Soy yo, palíndromo hormiga, tu disfrazada muerte de floresta.

HORMIGA
Eres un imbécil, camaleón.

CAMALEÓN
Observa entonces mis patrones. En Cheshire me han llamado gato; pero tú, con a cuestas esa refulgencia, sabes la verdad. Degústanos con ella antes de que yo lo haga contigo.

HORMIGA
No hay verdad.

CAMALEÓN
Sí la hay.

HORMIGA
No la ha habido nunca: “In girum imus nocte et consumimur igni”.

CAMALEÓN
¡Atroz! ¿Es que son causa las estrellas?

HORMIGA
La tuya, sin duda, ha sido mala pécora. Bastá mirar un poco. Tus entrañas son lerdas; tu espina, carcajada. Nada puede esconderse de ti salvo tú mismo. Y es ello lo que te vuelve en cruel parodia. ¿Son causa las estrellas, preguntas? ¡Será mejor que olvides!

CAMALEÓN
¡No! Dime de facto. No puedo esperar más o habré de comerte ahora.

HORMIGA
Sabrás la verdad si olisqueas tu hez cuando me hayas digerido.

CAMALEÓN
Ya suelta eso que cargas; tu sarcasmo es agrio al paladar.

HORMIGA
Agrio, pateo y muerdo.

CAMALEÓN
Jamás he tragado la necedad y la boca me hace agua. ¡Suficiente ya!

HORMIGA
Bien, pongamos fin a esta incongruencia.

La hormiga hizo descansar el miligramo sobre un cráter de arena fina, y a un ritmo apenas perceptible pulsó una fuga derelicta y contumaz. Pronto las pequeñas fauces emergieron del cráter, y el mirmelóntido, para devorarla, arrastró a la hormiga roja y suculenta hasta lo más hondo de su madriguera.

Todavía el camaleón se estuvo quieto unos segundos; hambriento, sin comprender.



domingo

Els gats 2 per El petit de cal eril

Ell que diu que ve amb una nau de pastanagues
i que a tu no t’hi posin ceba enlloc..

Ell que diu "què bé!" i tu, vés que li vols fer-hi
i que resignat tu menges i et fots..

Que no val la pena escriure l'acarona per robar-li el cor
que no val la pena viure a Barcelona per tenir-hi un gos..

Que no val la pena viure a Barcelona per tenir-hi un gat..

Uh uh ah!



Ho poden trobar aquí:


miércoles

Botch

Las mejores ideas me vienen en el baño.

Bajo la ducha, en lugar de cantar a todo pulmón, yo pienso más rápido. Más claro. Más preciso.

Es en verdad una tristeza.

Cuando llega aquella frase –aquella que pondría en marcha la novela de la siguiente generación, el relato epifánico, el poema perfecto– debo lavarme detrás de la orejas, tallarme las axilas, enjabonarme el ombligo.

Me debato unos instantes entre correr a mi máquina de escribir o terminar de enjuagarme bajo el agua caliente. Sería inútil, me daría frío. Así que mantengo la frase como a un pez betta en su pecera. Tengo que recordarla, nos decimos. Después llegan otras. Se acomodan y empujan con todas sus fuerzas hacia un desenlace maravilloso. Uno de esos que reverberan por décadas en el alma del lector. O algo abierto, un final que no termine. Nunca jamás escribir ese capítulo, aquel epílogo. Llevármelo a la tumba. Dejar sólo la incógnita. El verso último amputado para siempre. Luego vendrán las huestes de críticos mediocres revolcándose en sus oficinas y las prestigiosas editoriales imprimiendo obesos tomos sobre la hermenéutica de la ausencia. Una lástima, dirán. Un acertijo querrían. Los más sabios y eruditos morirán perplejos y confundidos, pero llenos de admiración. Al paso de los años, las masas desconcertadas, con el vacío hirviendo en la garganta, desbordarán las arcas de mis herederos. Daremos, al fin, pasos firmes en el sendero hacia la gloria.

Son momentos lúcidos aquellos bajo el agua. Todo parece armonía sumergido en el ruido blanco del salpicar contra el mosaico. Todo es gozo. Certeza. Trascendencia.

Luego hay que salir.

Hace frío ahora, en estos tiempos nórdicos. Uno se pasa la toalla, se agita el cabello. Se sonríe frente al espejo. Hasta se piensa que valió la pena esperar un poco. No asfixiar las ideas entre clacs de martillos y rollos de tinta y hojas blancas. Quizá preparar un café. Vestirse cómodo. Hojear el bestiario para saborear la belleza de Isabel, del Nene, de ese tigre terrible. Un vistazo apenas al reloj de arena, a las ficciones. A la interpretación frenética de Efimov, las lágrimas nevadas de Netochka, ese correr artrítico por San Petersburgo. Regodearse en la inercia de saber que uno es capaz de lograr lo que sólo un puñado.

Porque hay que tomarse el tiempo y la medida.

Sentado frente a la máquina, uno de pronto entiende que la frase se ha escapado, y que todas aquellas que la acompañaron se han vuelto torpes e insípidas.

Una tristeza, piensas. Mejor dejarlo en paz. Mañana, mientras me bañe, vendrá otra. Y así todos los días, como ha sido todos los días desde que los días son días y el baño es baño. No hay sufrimiento en la rutina. Es sólo rutina.

Todo irá bien mientras uno no acepte que la línea es muy delgada entre la ineptitud y la fantasía.



viernes

De por qué el mundo no se me da bien..


La primera vez que vi en la tele a Yahir pensé que La Academia era un concurso de canto para retrasados mentales.

Cambié de canal.

Ah, si en cambio alguien me hubiese prestado aquel libro de Debord, mi vida intelectual no sería tanto esta gallinita ciega por el mausoleo de mis afines..


martes

Me quedé pensando..

¿No es patético que lo único que un Anónimo me comente es que me equivoqué al escribir el nombre del autor de Pinocho?

Le agrega dramatismo que haya sido un Anónimo, porque correcciones siempre son bienvenidas, pero.. bueno, peros hay muchos.

Lo que quería decir es que al parecer tengo este extraño efecto en las personas que me han leído o me leen: No ¿pueden? o ¿quieren? comentar nada inteligente.

Me preocupa porque entonces significa que el contenido de mis posts no despierta nada en los lectores. No mueve nada, no provoca nada. Bueno, sí, indiferencia. La gente que me comenta pone cosas (y que no se vaya a pensar que me molesta) como: "Hola" o "Ayer me acordé de ti" o "Enlarga tu pene".. Lindo, pero inútil.

Claro, cada quién tiene derecho a hacer lo que le plazca. A no comentar o a comentar con un tratado de quinientas páginas sobre la insuficiencia renal.

Dice el dicho.. ya saben qué dice. Así tampoco entran moscas. Matas dos pájaros de un tiro. Vaya, que si no hay nada bueno que decir mejor no digas nada. ¡La represión! Digan no a esos consejos del siglo antepasado. ¿Cómo que si no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada? Si tu macho no puede aguantar ni dos minutos y tú estás rotundamente insatisfecha, ¿sólo porque no es bueno lo que le vas a decir no vas a decir nada? Nah, mis polainas. Desde mi trinchera, pienso que el dicho debería ser al revés. Consuelo de tontos, el mío.

¿Conclusión?
Si no lee, no entiende.
Si no entiende, no tiene opinión.
Si no tiene opinión, es débil de carácter.
Si es débil de carácter, es un pusilánime.
Si es un pusilánime, da vergüenza.

No vengan a dar vergüenza. Para eso estoy yo.

Gracias.